Esto es un negocio, ¿verdad?

Comienza noviembre, el mes en el que se lanzan más videojuegos. Varios de estos títulos estarán en las listas de mejores juegos del año y cumplirán con las expectativas creadas. Otros, en cambio, se quedarán en decepción por no haber cumplido lo prometido. Por último, cierta cantidad de ellos mostrarán la ya tradicional ristra de bugs y recibirán mucha publicidad negativa por ello. Voy a profundizar en este tema, que tiene mucho que ver con el dinero, los presupuestos, las urgencias y poco o nada con los videojuegos.

Pongamos un ejemplo. Existe la creencia de que Assassin’s Creed es una saga de videojuegos venida a menos. Puede que sea cierto. La constante repetición de mecánicas y la saturación que suponen los títulos anuales tienen mucho que ver. Pero sin duda alguna, la serie de errores que trajo consigo su última entrega (Assassin’s Creed Unity) han acabado por dinamitar su reputación.

 

Assassins Creed Unity. Este error solo se daba con ciertos modelos de tarjeta gráfica en PC. Pero dio la vuelta al mundo.

 
Personalmente he disfrutado mucho todos los Assassin que he jugado, especialmente el Assassin’s Creed 2. También he jugado mucho al Assassin’s Creed 2 La Hermandad, al Assassin’s Creed 3 y al Assassin’s Creed 4 Black Flag, pero no llegué muy lejos en este último, pese a que prometía mucho. Nunca me encontré con graves fallos de programación, de diseño o de ambientación en estos juegos. Nunca. ¿Qué ha ocurrido con ellos?

Don dinero

Tengo la firme creencia de que la Industria de los videojuegos es eso, una industria. Por lo tanto, se basa en crear productos que los consumidores compran, lo que permite crear nuevos productos y mantener un crecimiento más o menos positivo. No descubro nada nuevo, pero quiero destacar el lado negativo de esto. Los videojuegos tienen algo de creación artística. Cuando se decide hacer una gran superproducción Assassin al año para mantener ciertos números anuales, acabas cayendo en ciertos errores. Falta de innovación, problemas en hilar una buena historia y gazapos notables en el aspecto técnico.

Muchas veces leo medios especializados en videojuegos y no me queda claro si saben de lo que hablan. Las empresas de videojuegos están ahí para ganar dinero. Es casi exclusivamente su objetivo. Los videojuegos existen por eso. Si en los años 70 y 80 Atari no hubiese vendido tantas maquinitas, aquello habría terminado. Aunque el colapso a punto estuvo de ocurrir.

E.T., el videojuego

Recientemente he podido ver en Netflix el documental Atari: Game Over. Una película de 2014 en la que se relata la búsqueda y excavación del vertedero donde se enterraron cuatro millones de copias del juego de E.T. para Atari 2600. Creo que es un documental mejorable que podría haberse centrado más en desarrollar ciertas ideas que se dejan flotando, aunque no está nada mal. Una de esas ideas es el hecho de que ese juego fue programado en cinco semanas a causa de una urgencia comercial. Se tardó en vender los derechos de la película y el juego tenía que estar terminado en navidades. A cualquier persona que trabaje en algo relacionado con videojuegos le tiene que hacer gracia este caso, que data de 1982.


Pantallazo del videojuego de E.T.

Ya entonces nos encontramos con una industria. Ésta buscaba vender un juego basándose en una licencia, en el oportunismo de la Navidad y en el marketing. La calidad del producto era algo secundario. En mi opinión esto es un cáncer para el mundo del videojuego. Pero claro, los números mandan y ciertos videojuegos cuestan mucho más que las grandes superproducciones de Hollywood. Deben ser rentables.

Rentabilidad. La palabra mágica. Coges los ingresos, le restas los gastos… Y magia. Un producto será un éxito o un fracaso. Todo se reduce a eso. Da igual que sea una mierda. El mercado decide.

¿Qué puedo hacer como jugador?

Está claro que cuando uno compra un producto defectuoso lo devuelve. Es así de simple… O no. ¡Los videojuegos no se devuelven!. Las medidas antipiratería y las descargas digitales hacen que sea imposible. Es la eterna lucha del consumidor de software: un producto de este tipo puede ser defectuoso. De hecho el cliente sabe que muy probablemente lo será. Así que si compro un Call of Duty y me lo encuentro plagado de errores, en mis manos solo hay dos cosas: poner a caldo el juego y no comprar el del año que viene. Y esto es una tendencia que puede tardar años, pero que acaba asentándose, generando un runrún entre la comunidad de jugadores. Primero los medios especializados levantan la liebre. Luego esto se va filtrando desde los más jugones que tienen el título hacia el gran público. Que os voy a contar de las redes sociales que no sepáis ya. 

Y así llegamos a la pérdida de punch de la saga Assassin. De hecho es posible que aun así, el producto siga siendo rentable para Ubisoft. En ese caso, nada que objetar. Esto es un negocio. Una industria, si lo preferís. Pero yo como jugador, crítico y exigente con lo que gasto mi tiempo, buscaré alternativas para llenar mi ocio con productos que me resulten más atractivos.

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